Estando en Salta uno se siente en una hermosa ciudad, muy hermosa, pero ciudad al fin no se refleja en sus alrededores los típicos paisaje del Norte Argentino.
Siguiendo en el plan de conocer el Noroeste Argentino, decidimos partir bien al norte, hacia Purmamarca y Tilcara, buscando esa magia que venden las fotos de las agencias de viaje.
Así salimos de Salta por la ruta 9, rumbo norte camino a Jujuy. De por si todo el camino es mucho mas simple que el camino a Cachi, ya que se transita por rutas nacionales o provinciales, todas asfaltadas, y el camino no es tan intenso a nivel de curvas y contra curvas como lo es el que va a Cachi. Habiendo pasado antes por esa experiencia, este pequeño viaje fue mucho mas placentero como conductor.
El paso por San Salvador de Jujuy es muy simple también, la ruta pasa por el costado de la ciudad, sin meterse en la misma, y todo como autopista. También termina siendo una lastima, ya que no aprecie la ciudad en detalle, mas allá de lo que pude ver manejando. Un pendiente para el próximo viaje.
Pasando San Salvador de Jujuy el paisaje se va volviendo mas árido, en particular a nosotros nos toco todo ese tramo con mucha niebla y nubes bajas. Pero claramente el camino va subiendo en altura, ya que después de un punto la ruta estuvo por arriba de las nubes, y el cielo se aclaro completamente.
La ruta va bordeando un río, lo cual vuelve al paisaje un poco mas interesante. Los cardones están en todos lados, y varios pueblos aparecen al costado del camino, casi idénticos en estructura y tipo de construcciones.
Finalmente estábamos llegando a nuestra primera parada, en el cruce con la ruta 52. Purmamarca deja ver casi inmediatamente su mayor encanto, el Cerro de los 7 Colores. La imagen es impactante, ya que el cerro con todo su colorido esta incrustado entre otros de color uniforme, que resaltan lo especial de esta belleza natural.

A todo este color se suman los coyas, quienes pacientemente esperan a los turistas en los puntos panorámicos para ofrecer sus productos, tan coloridos como el Cerro mismo.
Después de las fotos de rigor, hicimos un recorrido por el pueblo, el cual es uno de los mas lindos que recuerdo de la zona. La plaza esta cubierta de artesanos, y por supuesto alrededor de la misma varios bares y algún hotel.

Nuestra segunda y última parada no estaba lejos, según cálculos del GPS un poco menos de 1 hora. Volvimos por la ruta 52 hasta encontrarnos de nuevo con la 9, y de ahí rumbo Norte.
A Tilcara se accede cruzando el río que acompaña a la ruta, y se nota a simple vista que el pueblo es bastante mas grande que Purmamarca.
La plaza central esta mucho mas consolidada, tanto en su construcción como en los edificios que la rodean.
Siendo el mediodía, aprovechamos a comer algo en un bar, en una de las esquinas de la plaza principal, para descubrir en el mismo que su dueño había recorrido el mundo entero con su música, según lo atestiguaban las fotografías en las paredes. Aprovechamos para preguntar como llegar al pucará.
A primera vista el camino al pucará parecía ser simple, por lo que decidimos ir caminando. Resulto no ser tanto, mas que nada por el hecho de lleva a mi hija de 2 años a upa todo el camino.
El pucará queda dentro de un parque, al cual se accede pagando una entrada, un costo apropiado para mantener el lugar. Vale la pena entrar, mas que nada para poder recorrer el pucará mismo, y entender un poco las formas de construcción que utilizaban en el pasado. Es sorprendente ver las casa hechas en piedra, una sobre otra en un encastre que resiste al tiempo. Subiendo el pucara se llega hasta la Iglesia, y también se entiende porque fue construido en ese lugar, fácilmente la vista domina todo el valle.

Volvíamos a Salta desandando el camino hecho, con un poco mas del Noroeste en nuestras retinas para recordar.
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