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Cafayate y Tafi del Valle
Jueves, Agosto 26th, 2010Purmamarca y Tilcara
Miércoles, Agosto 4th, 2010Estando en Salta uno se siente en una hermosa ciudad, muy hermosa, pero ciudad al fin no se refleja en sus alrededores los típicos paisaje del Norte Argentino.
Siguiendo en el plan de conocer el Noroeste Argentino, decidimos partir bien al norte, hacia Purmamarca y Tilcara, buscando esa magia que venden las fotos de las agencias de viaje.
Así salimos de Salta por la ruta 9, rumbo norte camino a Jujuy. De por si todo el camino es mucho mas simple que el camino a Cachi, ya que se transita por rutas nacionales o provinciales, todas asfaltadas, y el camino no es tan intenso a nivel de curvas y contra curvas como lo es el que va a Cachi. Habiendo pasado antes por esa experiencia, este pequeño viaje fue mucho mas placentero como conductor.
El paso por San Salvador de Jujuy es muy simple también, la ruta pasa por el costado de la ciudad, sin meterse en la misma, y todo como autopista. También termina siendo una lastima, ya que no aprecie la ciudad en detalle, mas allá de lo que pude ver manejando. Un pendiente para el próximo viaje.
Pasando San Salvador de Jujuy el paisaje se va volviendo mas árido, en particular a nosotros nos toco todo ese tramo con mucha niebla y nubes bajas. Pero claramente el camino va subiendo en altura, ya que después de un punto la ruta estuvo por arriba de las nubes, y el cielo se aclaro completamente.
La ruta va bordeando un río, lo cual vuelve al paisaje un poco mas interesante. Los cardones están en todos lados, y varios pueblos aparecen al costado del camino, casi idénticos en estructura y tipo de construcciones.
Finalmente estábamos llegando a nuestra primera parada, en el cruce con la ruta 52. Purmamarca deja ver casi inmediatamente su mayor encanto, el Cerro de los 7 Colores. La imagen es impactante, ya que el cerro con todo su colorido esta incrustado entre otros de color uniforme, que resaltan lo especial de esta belleza natural.
A todo este color se suman los coyas, quienes pacientemente esperan a los turistas en los puntos panorámicos para ofrecer sus productos, tan coloridos como el Cerro mismo.
Después de las fotos de rigor, hicimos un recorrido por el pueblo, el cual es uno de los mas lindos que recuerdo de la zona. La plaza esta cubierta de artesanos, y por supuesto alrededor de la misma varios bares y algún hotel.
Nuestra segunda y última parada no estaba lejos, según cálculos del GPS un poco menos de 1 hora. Volvimos por la ruta 52 hasta encontrarnos de nuevo con la 9, y de ahí rumbo Norte.
A Tilcara se accede cruzando el río que acompaña a la ruta, y se nota a simple vista que el pueblo es bastante mas grande que Purmamarca.
La plaza central esta mucho mas consolidada, tanto en su construcción como en los edificios que la rodean.
Siendo el mediodía, aprovechamos a comer algo en un bar, en una de las esquinas de la plaza principal, para descubrir en el mismo que su dueño había recorrido el mundo entero con su música, según lo atestiguaban las fotografías en las paredes. Aprovechamos para preguntar como llegar al pucará.
A primera vista el camino al pucará parecía ser simple, por lo que decidimos ir caminando. Resulto no ser tanto, mas que nada por el hecho de lleva a mi hija de 2 años a upa todo el camino.
El pucará queda dentro de un parque, al cual se accede pagando una entrada, un costo apropiado para mantener el lugar. Vale la pena entrar, mas que nada para poder recorrer el pucará mismo, y entender un poco las formas de construcción que utilizaban en el pasado. Es sorprendente ver las casa hechas en piedra, una sobre otra en un encastre que resiste al tiempo. Subiendo el pucara se llega hasta la Iglesia, y también se entiende porque fue construido en ese lugar, fácilmente la vista domina todo el valle.
Volvíamos a Salta desandando el camino hecho, con un poco mas del Noroeste en nuestras retinas para recordar.
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El sinuoso camino a Cachi
Viernes, Julio 9th, 2010El viaje al Noroeste Argentino es de por si un viaje muy especial.
En mi caso, nunca había estado en la región, y si varias veces en la Patagonia, por lo que este viaje me deparaba una gran cantidad de sorpresas y paisajes a los que mis ojos no estaban acostumbrados.
Nuestro punto central del viaje fue la ciudad de Salta, desde la que partimos en diferentes días a conocer el resto de la provincia.
La primer elección fue Cachi, la cual me habían recomendado ampliamente, y de hecho era mi primer acercamiento con esos típicos paisajes desolados de la región.
Nuestro viaje fue en Mayo, por lo que las mañanas y las noches eran bastante frescas, y entrado el mediodía el calor se hacia sentir.
Nos levantamos temprano, cargamos algunas provisiones livianas para el viaje y partimos.
Debo decir que el GPS es uno de los mejores inventos que he visto, con solo marcar el destino se encargo de sacarme del centro de la ciudad. Por este motivo realmente no pude orientarme por mis medios dentro de la ciudad, si por algún motivo me quedaba sin GPS estaba perdido.
Saliendo de la ciudad tomamos por la ruta 68, pasando por varias sub poblaciones. Ese camino me recordó de alguna forma los caminos que llevan a las ciudades que rodean a Mendoza capital, con casas y sembradíos al costado del camino, y cada tanto un pequeño centro o plaza.
Por este camino seguimos hasta El Carril, donde nos desviamos por la ruta provincial 33, y ahí comenzaba realmente el viaje.
Esta ruta comienza pavimentada, y se va internando cada vez mas en la montaña. Esto se empieza a notar cuando el camino se vuelve mas y mas sinuoso. Comienza en el mismo pavimento, con subidas y bajadas por una zona muy verde, siguiendo al río y en varios tramos cruzando de un lado al otro.
Al tiempo de estar haciendo este recorrido sinuoso (unos 25 minutos), el pavimento deja su paso al ripio, con lo que hay que bajar la marcha y tomar algunas precauciones. Este camino se vuelve en particular complicado si hay trafico, especialmente si alguien va por delante tuyo, ya que la polvareda que se levanta es bastante espesa y complica la visión.
Con este ripio también se comienza el ascenso, curvas y contracurvas subiendo cada vez mas en altura. La ida no fue un problema, la vuelta fue un poco cansadora teniendo en cuenta el agotamiento del día, pero el destino bien valió la pena.
Siempre es bueno ir con un acompañante, para que pueda apreciar en detalle el paisaje y tomar fotografías, en este caso era mi señora, quien cada tanto me avisaba de alguna vista especial que no podía perder. Una de ellas fue la parada que hicimos en un mirador, junto con una combi con extranjeros, donde todos quedamos fascinados por el vuelo de un Cóndor. Aproveche para preguntarle al chofer de la combi cuanto faltaba para Cachi – 1 hora por lo menos me contesto, con lo cual marque la expectativa interna.
A todo lo que sube en algún momento le toca bajar, por lo que comenzamos a bajar también por un camino de varias curvas, hasta llegar a un llano donde pudimos apurar la marcha. Fue realmente un alivio después de casi 1 hora manejando por camino de montaña.
Al momento de nuestro viaje este camino estaba en reparación, o modificación, ya que encontramos varias maquinas viales trabajando en el mismo.
También cruzamos varios camiones, incluso en estas regiones tan apartadas.
Esta parte del camino tiene preparada una sorpresa para el conductor, La Recta del Tin Tin, una extensión recta de unos 5 Kmts en el medio de la nada, donde se puede apreciar el paisaje en todo su esplendor, disfrutar del valle, las montañas de fondo, algunas cabras y chivos al costado del camino, un verdadero regalo después del camino de montaña.
En Payogasta el camino se une con la famosa ruta 40, un símbolo de los viajes extremos. En lo personal siento un gusto especial cuando me encuentro con esta ruta, debe ser la sensación de estar de a poco cumpliendo el anhelo de recorrerla por completo, uniendo norte y sur de nuestro país.
Este tramo de la 40 es de asfalto, lo cual devuelve un poco la tranquilidad y afloja las tensiones del conductor. Hasta Cachi solo restan pocos kilómetros.
Llegar a Cachi fue para mi algo especial, ya que como dije era mi primer contacto con estos paisajes, y no me defraudo.
El pueblo esta apoyado sobre el inicio de la montaña, y como en muchos de estos pueblos del norte, es típico encontrar la calle cuesta arriba que lleva al centro del pueblo.
Paramos mucho antes, porque el mediodía ya estaba avanzado, y nos sentamos a comer en un restaurant a la entrada del pueblo, ofrecieron chivito y no lo pensamos dos veces.
Una vez terminado el almuerzo fuimos a recorrer el pueblo. Tal como lo preveía, la calle en pendiente nos llevo directo a la plaza, rodeada de los edificios públicos necesarios.
Cruzando la plaza encontramos a uno de sus lados la Iglesia, muy sobria y simple, y en esa simpleza, también hermosa. Grandes paredes lisas, sin ventanas y de un color tierra, con piso y escaleras de piedra.
Tomamos algunas fotos, respiramos el aire puro de este lugar tan libre de la contaminación de la gran ciudad, paseamos un poco mas por las calles cercanas a la plaza, y subimos nuevamente al auto para emprender la vuelta a Salta.
Me llevaba en la mente las imágenes de este hermoso pueblo del Norte Argentino.













