Realmente estoy muy contento. Las cosas están saliendo muy bien. El día de ayer me llenó el alma. El plan hoy es: Fundamentalmente, resolver el pago de la multa, y recorrer los alrededores de Fiambalá.
Por la mañana, dormí un poquito más, y me fui para la sucursal del Banco Nación.
Tip: Todos los Bancos Nación son iguales a los fines de pagar una multa, o hacer algún tipo de trámite que sólo se puede hacer ahí. Así que, no pierdas tiempo en las sucursales de las capitales de provincia.
El Banco es una casa prácticamente como cualquier otra. Está al lado de la dirección de Turismo, a la que me fui a quejar porque el día anterior no me habían dicho que el Hospedaje donde paré estaba libre, y me mandaron a otro lado. Mas tarde me enteré que eso se debe a que el dueño del hospedaje no es de un partido político “amigo” de la intendencia… Todo un País saldría adelante si no fuera por cuestiones como ésta, que se ven a todo nivel en todos lados…
El cajero del Banco es un hombre absolutamente amable, e igualito a Mr. Bean!!! Además, es muy notorio el contraste del saco y la corbata de esta persona en el marco de un pueblito tranquilo… Definitivamente, Sr. Cajero, Ud. me cayó absolutamente bien; no se enoje por la comparación con Mr. Bean.
A la vuelta, paso por los dos puestitos de regionales que hay en la Plaza. Hace rato que quería comer unas colaciones de la zona, pero me parecieron algo caras (bueno; también lo están las facturas acá mismo en Buenos Aires). Al final me decido por una mermelada de higos, cuya curiosa etiqueta dice: Mermelada de Higos. Ingredientes: Uvas y azúcar. Resulta ser, efectivamente, de higos.
Me vuelvo a desayunar con unos mates, el pan casero de Londres, y mi nueva adquisición, y como a las 11:30 inicio camino hacia el norte: Saujil (otro Saujil, no el de la Ruta Provincial 46), Medanitos, que estaba recomendado en algún sitio de Internet, y Taton.
Algo que se repite en la zona es que los centros poblados se desarrollan sobre una calle o camino muy largo, de modo que se pueden ver construcciones de todo tipo, aunque las que predominan son las de adobe sin edad: Lo mismo pueden tener 20 años que 100.
La salida de Fiambalá presenta un paisaje que no aprecié tanto en el momento como sí lo hizo la cámara; me estoy dando cuenta ahora que reveo el álbum del día. Los cerros, casi como dunas gigantes, con su color y textura tan particulares, y campos inmensos, planos, llanos, con algunos matorrales, o directamente nada, por cientos de metros.
Y Así el camino hasta Saujil. Un oasis en el medio de las dunas, con viñas cuyo verde grita en el medio de la arena grisácea. En algunos lugares, aun no se ha cosechado la uva; esta zona también produce pasas. Una imagen nueva y curiosa es la de las uvas tiradas en el piso, secándose al sol.
En Saujil unos carteles muestran el camino hacia las “Dunas Mágicas”. allá voy, entre callecitas con viñedos a ambos lados, hasta llegar a unos cerritos bajos desde donde se puede ver un panorama magnífico del valle, verde, rodeado de arena, y la gran duna. Como no es temporada, o tal vez ni siquiera haya muchos turistas que recorran la zona, la duna está inmaculada; solo algunas huellas viejas de alguien que pasó caminando, pero vaya Dios a saber cuándo, ya que no hay mucho viento ahí como para que la arena se reacomode.
La mañana estaba fresca, pero ahora me tengo que sacar el buzo para caminar. Según me acuerdo, me cansaba un poco y no entendía por qué; esas dunas no son un desafío para nadie. Goggle Earth acusa 1650 msnm… Tampoco es para tanto…
Bueno; estuve caminado por ahí una hora: La arena es mas blanca que la de la playa. Cuando me voy, tomo el camino a Taton, pero desisto habiendo hecho unos 10 Km., aunque hoy mismo no recuerdo por qué; sé que tenía que ver con el camino, pero no sé si el estado del ripio o nuevamente había que cruzar un río que no me convencía (bueno; es una crónica pero tiene baches; hace ya mas de dos meses que estuve ahí).
A la vuelta, llevé unos kilómetros a un hombre que fue el que me dijo que los loros son una plaga y se comen las uvas… también me dijo que el pueblo de Palo Blanco está mas hecho como para el turismo; será cuestión de volver el año que viene. Esta zona participa activamente del Dakar; deben ser tres días de gloria cada 2 años, pero bien lo valen.
Para ir a las Termas tengo que volver al pueblo de Fiambalá y tomar la ruta al oeste (No queda claro si es la Ruta Provincial 34); son 15 Km. que cruzan el valle arenoso por la mitad. No lo parece, pero en realidad, tiene una fuerte pendiente.
Los últimos 5 Km. Se entra ya en los cerros, y la pendiente es más pronunciada. Los últimos 800 metros son decididamente empinados; ya lo había leído en algún relato; sin embargo son de pavimento recién construido.
En la entrada al Complejo se paga la entrada; 10 pesos por persona y 5 por el vehiculo, o al revés; en todo caso, lo vale. Aparentemente el Complejo Termal quedo en ruinas ya en dos oportunidades por aludes que bajaron desde las montañas; la última reconstrucción quedó muy muy bien; contrastando con las opciones de alojamiento de la zona. Hay cabañas o departamentos muy bonitos, y otros directamente VIP: No averigüé por las tarifas, pero pueden ser tan variables con la inflación, que deberías averiguarlas antes si vas a hacer este viaje.
El lugar en si mismo es encantador; justo en la quebrada entre dos cerros y a mas de 1800 msnm; tiene un restaurante, confitería, posibilidades para acampar y también muchos lugares para hacer asado, y quinchos, todo con unas vistas espectaculares; está muy cuidado, y da gusto realmente estar ahí.
Las aguas termales son aguas termales de verdad; podés ir mas arriba del piletón más alto y verla bajar directamente del cerro
Tip: Ojo donde pisás; las piedras son muy resbalosas.
A partir de ahí, los piletones en cascada; hacen que la temperatura baje, hasta la ultima pileta que está a temperatura ambiente.
A pesar de estar a fines de Marzo, la temperatura es muy agradable, aun para las piletas más frías. Este es para mi un auténtico día de descanso: Mate; libro, y a la pileta. Nunca había estado en aguas termales, y acabo de descubrir que me gustan mucho. Realmente es relajante estar ahí, aunque
Tip: Cuando el agua está caliente y estás un rato, no quieras salir de golpe porque vas a sentir que el mundo gira a tu alrededor; la presión baja y no es broma.
Así que pasé todo el día y, cómo no, parte de la noche ahí; la infraestructura está montada como para ello. Y la verdad, es que no me quería ir! Creo que para las visitas diarias el acceso es hasta las 20 hs., pero eran las 21 cuando decidí irme.
Me llevé un pasajero inesperado: Una araña enorme en la puerta derecha del auto.
Tip: Tenelo en cuenta si vas a acampar ahí.
Y el día termina en el Hospedaje La Troya, otra vez con pan casero de Londres y Salames de la Colonia. Definitivamente, me siento bien.
Haciendo caso a las recomendaciones que podés encontrar en Internet para los caminos de Alta Montaña, y además, porque la distancia al Paso de San Francisco no es poca, me levanto muy temprano, y a las 8, con las primeras luces del día, ya estoy en camino. Paro en el Puesto de Gendarmería a preguntar si hace falta algo en especial para viajar al Límite; me dice que no pero me ve vestido (apenas un buzo liviano de algodón y pantalones náuticos, livianos también) y me dice “Vas a tener frío”, Claro; sigo hablando y me cuenta que él es de la Provincia de Misiones. Me quedo con su opinión, pero sé que tengo la campera abrigada para el caso. Me dice que no hace falta nada en especial, de documentación y esas cosas, y sigo viaje.
Tip: En realidad, no creo que haya parado tanto a preguntar qué me hace falta como a dar constancia de mi presencia y que estaba yendo hacia ahí. Cuando se viaja solo no está de más que la policía o la Gendarmería lo vean a uno para que, si pasa algo imprevisto, lo puedan salir a buscar. Por eso los controles, cuando viajo solo, me parecen hasta saludables.
La salida hacia el paso desde Fiambalá está muy bien señalizada con unos carteles enormes y es imposible equivocarse. Un poco desalentado con la bruma de la mañana, allí voy. Hacia las 9 de la mañana, el cielo se empieza a despejar; las nubes son muy bajas.
Tip: No te preocupes por lo nublado que esté a la mañana, al menos en esta época del año. Dura pocos Km., ya que con el paso del tiempo, y como vas subiendo, las nubes desaparecen.
Puede que los alrededores de Fiambalá no se aprecien con toda la belleza que realmente tienen; Valles enormes de un paisaje que parece lunar; plano, de pequeñas piedras y arena; sin prácticamente vegetación, o bien, directamente, sin vegetación, y los cerros al fondo, su ladera también de arena. Solo lo pude apreciar al día siguiente, y una vez que volví a Buenos Aires, al ver las fotos, se me hizo más patente y más bonito. 5 Estrellas.
El primer regalo que tiene este recorrido es la Quebrada Las Angosturas. El colorido, las curvas, el estado de la ruta, las formas, todo, todo, todo, es hermoso! De lo mejor de todo el viaje… hasta ahora…
Se sigue bordeando el río Chaschuil, o Guanchin, pasando otra vez entre cerros, hasta desembocar en el Valle de Chaschuil: La imagen se presenta de una inmensidad gigante, después de haber estado circulando entre cerros durante los últimos 30 Km. El valle es muy árido, enmarcado por los cerros al oeste. Según Google Maps, aquí ya estamos a 3000/3200 msnm.
Es aquí donde el camino gira hacia la derecha, al norte, y empieza el espectáculo: Una Ruta en estado excelente, en ascenso pero mayormente recta, un cielo azul, limpio y profundo, y, como escribí ni bien pude acceder a Internet: “La Puna Catamarqueña es un festival de colores que todos deberíamos ver al menos una vez en la vida”. Colores, Rojos, grises, marrones; algo de verde que, como puede, crece en ese clima.
En este punto, la ruta tiene una dirección prácticamente NorteSur, paralela al río. Y en ascenso. Andando unos 50 Km. ya se empiezan a distinguir los Seismiles: El Cerro Incahuasi (6.638 m.), el Cerro San Francisco (6.016 m.), el Cerro Pissis (6.882 m.) y el Volcán Ojos del Salado (6.864 m.), a lo lejos; un poco tapados por otros colosos, dominando todo.
También empiezan a aparecer los coironales, con su color característico, que tal vez puedan verse algo verdes de cerca, pero son amarillos vistos de lejos, como un tapiz interminable.
Como un alto en el camino, Cortaderas. Es un paraje en el que se construyó una Hostería de lujo. La verdad, no está en mis planes ni siquiera ir a conocerla; ya les expliqué que no es mi estilo, pero después, alguien me dijo “No sabés de lo que te perdiste” (¿?) Si vas por ahí, dedicale unos minutos.
Al pie de la hostería hay un pequeño embalse, con muchas aves. Ahí sí que me quedé unos minutos.
Tip: Sería prudente considerar este recorrido como si fueras a cruzar el desierto. Cosa que es bastante cierta, porque en Cortaderas vas a encontrar el único lugar habitado en los 200 Km. del recorrido, desde Fiambalá hasta el Puesto de Gendarmería en Las Cuevas. Sin embargo, hay refugios distribuidos a lo largo de la ruta. Creo que son 6; tendrías uno cada 20 Km. aprox. Están bien señalizados. Si vas en una época no riesgosa del año (verano) no deberían hacerte falta.
El camino continua, y el tramo entre el Refugio de Las Lozas y el de Las Peladas es sencillamente mágico. Hacia el oeste, los Seismiles, custodiados por otro cordón al que se llega caminando un desierto de, calculo, unos 3 a 5 Km. de solamente arena y piedras; haca el este, montañas rosadas (un color como el de la rodocrosita, aunque, obviamente, no lo es), con el cielo azul por encima, y el coirón amarillo por debajo. Esto ocurre a los 3800 msnm. Una de las fotos que tomé en este lugar fue seleccionada por Picasa como favorita del Mes, y al día de hoy recibió casi 570000 visitas. Fue una gran sorpresa y un honor inesperado.
También empiezan a aparecer los únicos habitantes: Me encontré con un zorro (qué bicho vago que es!) y montones de vicuñas, por todos lados: Si te movés despacio no te ven y no se escapan. Obviamente no vas a estar al lado de ellas, pero tomé fotos muy aceptables con una distancia focal de 450 mm.
Al llegar a los 4000 msnm, el camino gira al oeste otra vez (hacia la izquierda). Las Cuevas, el puesto de Gendarmería, está muy cerca de aquí. El Gendarme es muy amable, pero me indica que, lamentablemente, no se puede ir a visitar la Laguna Verde (A solo 20 Km. de la frontera del lado Chileno) sin hacer los trámites migratorios en el puesto de Maricunga, 95 Km. más adelante.
Tip: Deberías considerar seriamente esta alternativa: Si bien el recorrido del lado chileno debe ser extraordinario, he leído que es un camino de ripio en regular estado. Supongamos que lo recorres; difícilmente puedas ir a mas de 40 Km./h; son 190 Km. de ida y vuelta = 5 horas, mas el combustible (no hay posibilidad de reposición; sólo emergencias) y el tiempo que te quedes en la laguna. Pensalo bien antes de ir. A mí, el auto me dio uno de los mejores rendimientos del viaje, unos 400 Km. con 25 litros, pero no es cuestión de confiarse. también tené en cuenta que ese camino es MUY alto . Después voy a volver sobre el tema.
Hay menos de 30 Km. entre Las Cuevas y el Límite. Ahí, el camino asciende abruptamente; casi 800 m en 20 Km., cuando lo que ibas recorriendo te hizo ascender 1000 m, pero en 150 Km. La pendiente se siente, especialmente en el auto; como para ir en segunda. Pero esa misma disminución en la marcha te permite la vista de la laguna, y estar en el medio de los Seismiles. Es impresionante.
Así hasta que finalmente, llegué al límite mismo con Chile. Bajé a tomar unas fotos. Hay un viento que te lleva, y está frío. Me tuve, efectivamente, que poner la campera, pero vamos; que estaba en el medio de la Cordillera! No era para tanto. Y son apenas las 3 de la tarde.
De cualquier modo, enseguida me metí en el auto y me tomé unos mates. Y agregué ese momento a la colección de los más felices de mi vida.
Tip: Estás a más de 4750 m de altura. El viento sopla y hace frío, pero el aire falta. No es la muerte, pero vas a sentir un sueñiiiito y algo de mareo; estás tan entusiasmado que no te das cuenta. también tené en cuenta que el cuerpo no te responde como esperás. Recuerdo haber querido dar dos saltos sobre un montículo que no llegaba a los 70 cm de altura, y terminé con la lengua afuera. Un poco es mi edad y mi pésimo estado físico… Mentira; el movimiento que quise hacer no podía ser un desafío para nadie, pero a esa altura, sí que lo es. Movete muy despacio. Dicen que masticar una cebolla, o tomar mucha agua, son buenos remedios para el mal de altura.
Comenzando a bajar, tenés que avisar en Las Cuevas que ya estás volviendo. también me desvié unos 2 Km. para ver cómo es esa laguna que, de lejos, se ve de bordes blancos entre los coirones. Se forman sales; la caminas y los pies se te hunden un poco. también hay un pequeño piletón de aguas termales, pero a decir verdad, no está caliente. Mas vicuñas; esta vez muy cerca, y con las montañas nevadas y el coironal de fondo, me regalan unas fotos maravillosas.
Y después, a continuar. Creo que no te importa volver a ver lo mismo que viste dos horas antes; lo volvés a disfrutar como si fuera la primera vez. Es tan hermoso que, en algún punto en Las Lozas, a 4000 msnm, me pare a tomar otro mate.
Me hubiera quedado todo el día ahí, con la soledad inmensa, el silencio y la paz que hay. En todo el camino de ida y vuelta no me debo haber encontrado mas de 5 o 6 autos en ambas direcciones.
Mas adelante, viendo ese enorme campo desierto de arena y piedra, no pude resistir a la tentación de caminar por ahí. Así que paré a un costado de la ruta, y allí fui. también subí un cerrito, y ahora que me acuerdo, terminé destruido… Claro, en el momento no me acorde que estaba a 4000 m! Habré estado media hora en ese campo. Es una sensación increíble que quiero volver a vivir.
Y bueno, el resto del viaje, como a la ida, pero con el sol desde el oeste. Al llegar de nuevo a Las Angosturas, me vuelvo a decir: “Esto es de lo mas hermoso que vi”. Así que hago el recorrido; cuando termina la quebrada, doy la vuelta, y lo mismo otra vez. Son menos de 5 minutos, pero es tan hermoso, que lo repito. Vean el videito aquí:
Esta vez, increíblemente, no llegué de nuevo a Fiambalá de noche. Eso me permitió subir al campanario de la Iglesia de San Pedro (Año 1770; parte de la Ruta del Adobe y MHN), para tomar unas fotos con las ultimas luces del día. Y para terminar, comida de verdad en el Comedor (no recuerdo el nombre), una cuadra antes de la Hostería: Humita en Chala, dos costillas de cerdo gigantes (eran dobles! No como te las venden acá) con ensalada y una gaseosa de litro, $ 42.
Inicio el día bien temprano por el doble propósito de: Disfrutarlo y poder bañarme con suficiente agua caliente; los motoqueros son un batallón.
Allí voy nomás para Laguna Blanca, confiando más en Internet que en Mauricio Pagani. La ruta es: volver hacia el sur, hasta El Eje / Puerta De Corral Quemado, para empalmar la Ruta Provincial 43. El camino arranca bien; es ripio, pero se puede. Aunque después de Villa Vil se empieza a poner feo. Los paisajes sí que son bonitos…
…Pero bueno, empiezo a recordar a Mauricio… Hay algunos lugares anegados; el gran problema de esto es que no sabés qué hay abajo. después hay otra parte que es una huella de puro barro, y me hace dudar mucho. Salgo de esa, pero realmente no me gusta. Y finalmente, lo esperado/inesperado.
El primer río ancho. Hilos de agua, pero muchos. Trato de encontrar la huella en el vado, pero es difícil, porque hay muchas. Me mando por una de ellas, pero no es sólida. Puedo encaminar el auto hacia un sitio más alto, fuera del agua, pero apenas recorrí 15 metros, y la otra orilla está como a 150! Y con el auto mirando hacia delante, me las tengo que ingeniar para dar la vuelta en el mismo sitio alto fuera del agua donde esta el auto ahora: Salir marcha atrás sin ver sería una locura…
Así que , despacito, doy vuelta el auto. Me bajo y empiezo a caminar por los sitios donde presuntamente pararía. Tomo una piedra grande, como de 20 con de diámetro, y la tiro al hilo de agua: Desaparece completamente en la arena. Estoy en un problema. Para colmo, mientras estoy en esto, pasa Mauricio con su excursión de $ 840 en su HiLux blanca. Me siento un rata. No importa; lo saludo, le cuento; él sigue su camino y yo sigo investigando por dónde pasar.
10 minutos después, me decido por un camino. Si no puedo salir, estoy en el horno, porque realmente no tengo idea de quién me podría sacar de ahí… Pero si hay un Dios del Tránsito Vehicular, ese día me sonrió, y pude salir. De cualquier modo aun quedaba la huella de barro y el tramo anegado, pero bueno, habría que pasarlos de vuelta.
Para las 13:30 ya estoy de nuevo en Belén; quedan 150 Km. hasta Tinogasta; primero hasta Alpasinche otra vez, donde empalma la Ruta Nacional 60. En el camino –que progresivamente va haciéndose más árido está Copacabana, apenas un caserío con la antigua estación del ferrocarril. Mientras escribo esta crónica, me da curiosidad por conocer esos ramales insólitos, y veo en el artículo de Wikipedia la extensión original del Ferrocarril Belgrano. Estoy impresionado.
Llegue a Tinogasta como a las 4 de la tarde. La verdad es que no me impresiona para nada el lugar; si bien el plan original era quedarse ahí, solamente estoy durante un rato en información turística (El pibe sabe un montón y es muy amable; me dice que él es de El Puesto, un pueblo más adelante camino de Fiambalá) y me explica cómo recorrer La Ruta del Adobe, un conjunto de capillas que realmente compruebo más tarde son encantadoras. también me como una hamburguesa en un puestito frente a la plaza; me parece que quien lo atiende también es porteño!!; cargo nafta (Tip: Hay estación YPF del ACA y aceptan tarjetas), y sigo hacia el noroeste por la Ruta 60.
Los pueblos en el medio son El Puesto y Anillaco. En Anillaco están asfaltando la entrada y no entiendo cómo entrar, Así que me perdí la Capilla. En El Puesto sí; es encantador. Visito la Capilla y Oratorio de Los Orquera, del año 1713. Es muy emotivo, con sus olivos en el fondo, y las ultimas luces de la tarde sobre el adobe le dan un encanto particular.
Ya en el crepúsculo, y a un costado de la ruta, la última capilla, la de Nuestra Señora de Andacollo. Imágenes bellísimas, también del interior. No soy religioso, pero amo las capillas del Noroeste de la Argentina. Tienen una energía especial.
Finalmente, Fiambalá; obviamente, de noche. Obviamente, no hay lugar en la Hostería Municipal. Y está algo fresco. No frío, pero fresco. En mi carpetita de crónicas ajenas y averiguaciones tenía anotado que había un camping muy bonito habilitado con motivo del Dakar; pero la verdad es que no lo encontré. Encontré otro muy chiquitito, que no me convenció. Aunque, el muchacho, muy amable, me ofreció a mi pedido que no arme la carpa, y que durmiese en un salón que tenía ahí, lleno de trastos. Otra vez la angustia de La Casita del Horror. No quería.
Me llegué hasta la Oficina de Turismo; milagrosamente había alguien. Me atendieron amablemente, diciéndome “Está todo completo; sólo quedan casas de familia”, y me mandó a un sitio al que intenté llegar. Hay que explicar que Fiambalá no tiene más de 25 manzanas, pero todo te parece enorme y remoto cuando no tenés idea de dónde estás, es de noche, tenés hambre y querés ya dejar de viajar.
Me llegué hasta un lugar que me parecía que podía ser. Era un almacén en una casa, pero estaba cerrado. Toco la puerta y aparece una mujer con sus hijas. Le pregunto por habitaciones para alquilar. Mientras me contestaban aparece por detrás un hombre (Jorge) que me dice “Yo te voy a llevar a un lugar bueno para que te quedes.” Esta persona olía a alcohol y además, pobre, no me dio muy buena impresión. Pero me llevó al Hospedaje Troya (a 2 cuadras de la plaza; no sabría describir dónde está sin un plano). Enhorabuena. El hospedaje es nuevo, limpio y agradable. Si hay un Dios del Tránsito Vehicular, también hay uno de los Hospedajes, y me estaba ayudando.
Así que, instalado ya, celebré con mate, Salames de Colonia Caroya, Pan casero de Londres y aceitunas de Aimogasta, en una cena cosmopolita. A dormir temprano, que mañana el día es largo.
Tip: Insisto en la familiar informalidad de la gente de Catamarca. Te hacen sentir como en casa. No tengas dudas en que, si vas, vas a querer volver.
Tip: No soy un maniático de los lugares para hospedarse; de hecho, si hubiese tenido que acampar, no sólo no tengo problemas sino que me encanta! Pero, si se trata de acampar, espero una infraestructura mínima, y si paro en un Hotel, Hostel, Hospedaje o lo que sea, espero al menos ropa de cama limpia. Esto no ocurre siempre por esta zona (sí; Así como lo leen). No estaría de más llevar unos juegos de sábanas…
A la mañana siguiente, pienso en salir lo más rápidamente posible (de ahí), aunque tengo que reconocer que pude tener mi ducha caliente en un baño modesto. Antes de las 9, ya estaba en la Plaza de Belén; a decir verdad no sé esperando qué. No había visto bien, pero había un lugar donde desayunar en la cuadra opuesta a la Iglesia. Y a pesar del feriado, estaba abierto.
Al salir de ahí, el paseo fue ir hasta el cerro donde está la Imagen de la Virgen del Valle, y se tiene un panorama del pueblo y del Río Belén. Totalmente descorazonado con el clima, me quedo un buen rato allí arriba, y, por suerte, el cielo empieza lentamente a despejarse. No soy el único; desfilan unas 8 personas mientras estoy ahí. El paisaje es muy bonito, aunque la falta de sol lo desluce.
A eso de las 11 de la mañana, ya es cielo esta lo suficientemente bien como para salir a pasear. Me enganchan para un reportaje para la radio local; alguien con acento porteño les vendría fenómeno para decir “Hay Turismo por el finde largo” Y realmente había lo suficiente como para colmar la capacidad de hospedaje…
La idea era pasear hasta Londres y volver, pero de cualquier modo tendría que volver a dormir en La Casita del Horror… Esto no fue necesario, como les contaré más adelante.
Londres está a solo 15 Km. de Belén, y se llega en menos de 20 minutos. Es un pueblito minúsculo atravesado por la Ruta 40, como les conté en el post anterior. Dejé el auto estacionado en una de las plazas y salí a caminar. Para entonces, ya había pleno sol y bastante calor. Londres tiene el encanto de sí mismo; no tiene un atractivo turístico especial.
Caminar por sus callecitas de casas separadas ya es un regalo. Me adentré por cualquier lado, en dirección a los cerros; a la vuelta me topé con un campo de nogales; algunas nueces cayeron sobre la calle y me pude dar un lujo inesperado: Unas dos docenas de nueces riquísimas recogidas del suelo. Comí algunas y las demás me acompañaron por varios días.
Éste fue el primer lugar en que presté atención a los loros: Bandadas de muchos loros grandes; muy oscuros y ruidosos. Son pintorescos, pero unos días después, alguien me decía que son una plaga para las viñas, y que no los quieren… Por el momento, pase un rato entretenido mirándolos, pero debe ser muy molesto convivir con semejante barullo día y noche…
La caminata siguió por la propia ruta hasta el río Quimivil, con agua lodosa. El cerro que se ve desde ahí es realmente muy bonito. De vuelta hacia la Plaza, conseguí un pan casero enorme que me duró como una semana. La señora que lo preparó, curiosamente, es porteña, aunque hace mucho que vive ahí.
Desde ahí mismo me voy a visitar las Ruinas del Shinkal. El lugar es muy bonito, tanto por las ruinas como por el paisaje circundante.
Al salir de ahí, aun era temprano; apenas las 16 hs. La perspectiva de volver a Belén y quedarme ahí no era muy alentadora, Así que seguí por la 40 hacia el norte, atravesando Belén, pero continuando por la Quebrada de Belén, que es muy bonita. Ahí, el río, como muchos de la zona, debe tener mas de 500 metros de ancho, aunque unos pocos hilitos de agua que surcan el lecho. Si en algún momento tiene caudal, realmente debe ser impresionante.
Continuando por la ruta, sólo por pasear, decido llegar hasta Hualfin, aunque no está cerca (80 Km., mas de la mitad de ripio) y a pesar de que está camino de la Laguna Blanca, y tendría que hacer el mismo recorrido al día siguiente. La ruta va costeando el río, pasando por pueblitos: La Ciénaga, San Francisco, Puerta de Corral Quemado, El Eje. A partir de acá se termina el asfalto; la ruta 40 está en construcción; es ripio pero en buen estado (probablemente para el próximo año 2012 esté terminada), es ancha pero tiene algunos tramos de pendiente.
La vista a la izquierda, hacia el oeste, es de unos cerros con unas formas bellísimas, pero hacia el este se tiene la vista de las cumbres nevadas del Aconquija, de mas de 5000 metros de altura y a 200 Km. de distancia. Es muy impresionante. El sol que empieza a bajar lo hace mas bonito aun.
En la entrada de Hualfin (por el sur, ya que el pueblo está dividido en dos por el río) está la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario (MHN) y un puesto de información turística. La verdad, tengo que reconocer que sólo busco información turística en contadas ocasiones, y (es justo avisar) cuando viajo lo único que me interesan son los paisajes, o soy capaz de colgarme un rato viendo un pájaro, un árbol o una mariposa. Tal vez a esta crónica le falte información de historia, o de artesanías, pero la verdad es que no me interesan demasiado.
Lo que sí superó a cualquier información turística fue el rato que me quedé hablando con una persona, empleado municipal, acerca de lo que más me interesaba hablar con la gente en este viaje: La posición frente a la minería y los medios de subsistencia de las familias. Estas conversaciones quedará fuera del alcance de esta crónica.
Hurgando en mi carpeta…
Tip: En una carpeta preparé impresiones ampliadas de mapas, porque no veo nada sin anteojos, y con ellos tampoco; y una lista de pueblos con hospedajes, cajeros automáticos y estaciones de servicio, y cosas a prestar atención de no hacer, o lugares donde no ir
… encuentro que hay un único hospedaje en Hualfin. Sobre la ruta. Además, hay una estación del ACA, y la perspectiva de volver a Belén a la Casita del Horror sólo para cargar nafta y gastar el 15 % sólo para volver a Hualfin mañana es una tontería. Le pregunto a una persona que pasaba (que resulto ser el dueño/concesionario de la Estación del ACA), y me recomendó que fuera a las Termas (¿?) y al hospedaje.
Gracias a Dios le hice caso. Las termas son una broma, pero no Así el hospedaje, que está atendido por un matrimonio mayor, extremadamente amable, aunque hablan en catamarqueño básico y apenas les entiendo. El lugar es pulcro y bonito; tiene una galería con mesas y sillas con un encanto especial e indescriptible. La habitación está 20 puntos, con ropa de cama sana y limpia. Al fin las cosas mejoran. Y ya que estamos, me juego por una más: “ Señora, ¿No me prepararía algo para cenar?” “ Si; pastel de carne con tomates”. Soy feliz. El lugar es hermoso, comí comida de verdad y evité hacer 160 Km. repetidos.
Mas tarde cayó un grupo de chicos de Santa Fe, en moto, que también Irian al otro día a la Laguna. Ellos deben haber estado más felices que yo, porque se hicieron un asado. La verdad, ni sé a qué hora terminaron, porque me quede frito.
Autor: Ani Mal Plamet
Lamentablemente, el tiempo no mejora y es algo con lo que no contaba. Otra cosa que no consideré al cambiar el recorrido es la necesidad de mantenimiento del auto.
Tip: Antes de salir de tu casa, mirá la libreta de mantenimiento del auto para saber dónde vas a estar cuando haga falta hacerle, como mínimo, un cambio de aceite. Ni hablar si te toca el cambio de la correa de distribución durante el viaje; no porque se te vaya a romper, justamente; eso puede pasar en cualquier momento. Pero si estas en el periodo crítico de los 60 o 70 mil Km., considerá hacer el cambio antes de salir, o bien alquilar un auto en el sitio de destino. En el interior no hay infraestructura; en algunos casos, mínima, como conseguir combustible! Siempre agua en el baúl; hay mucha subida y el motor puede recalentar en esos casos. Me tocó asistir a alguien en el camino; seguramente lo saqué de un apuro.
A pesar de ese tip, con lo que no conté es que el cambio de aceite me tocaría un día feriado! Catamarca no es como Buenos Aires; no había ninguna estación de servicio en la que me hicieran el trabajo. Con mucha suerte conseguí un lubricentro; tuve que esperar como dos horas, pero pude ganar la tranquilidad de que, hasta el fin del viaje, no me tendría que preocupar por esto.
Llueve y el clima esta fresco y horrible. Solo por conocer me acerco hasta la Gruta de la Virgen del Valle, en las afueras. Las placas de agradecimiento, y un montón de objetos representando los favores recibidos provocan una sensación realmente muy fuerte. Creo que los mas emotivos son las mamaderas-biberones.
Saliendo entonces para Belén, y sabiendo que no conoceré Andalgalá, voy por el camino “natural”, que no ha de presentar ninguna complicación: Ruta Nacional 38 hasta el EmpalmeChumbicha, y después Ruta Nacional 60.
En el primer tramo, hasta la Quebrada de la Sébila, se atraviesan campos con pocas serranías en donde los cardones parecen sentirse muy a gusto. Algunos de ellos están en flor, regalando un espectáculo inesperado. Paré en un lugar donde hay un monumento en recuerdo de un accidente ocurrido en 1997 . Leyendo la nota, pareciera ser que, cuando es época de lluvias, la ruta no es tan inocente cono parece. Esto es importante, tal como escribí en alguno de los tips de la preparación del viaje: Hay caminos que no se pueden recorrer en cualquier época del año; de hecho, que esté lloviendo ahora es una rareza.
Otras crónicas que había leído decían que los pueblitos a lo largo de la Ruta Provincial 46 (el tramo asfaltado desde el Empalme hasta Andalgalá) son encantadores. Ya el punto de entrada es impresionante: El Campo de Belén, visto desde el oeste en el empalme con la Ruta 60. El tiempo parece alcanzar, y allí voy, a recorrer aunque sea un poco: Poman, Mutquin, Rosario de Colana, Siján, y vuelta al empalme. Lamentablemente llueve mucho y no veo nada, pero supongo que debe ser muy bonito; por ejemplo, Wikipedia dice que en el año 2001, Rosario de Colana tenía apenas 430 habitantes; y Siján, 1044.
En Siján veo que están preparando en la plaza la Fiesta Patronal; me quedo conversando un rato con los muchachos. Me cuentan que es zona de bodegas, y mas cosas. Hay un sentimiento que me acosa en este, y en todos los viajes, que es, caer como un desconocido en pueblos minúsculos; porteño, y, además, en un auto rojo. No se puede llamar más la atención. Me siento algo incómodo, como molestando, o creo que la gente me ve a mi como si yo los estuviera viendo a ellos como una rareza (parece un trabalenguas). Eso no pasa en Catamarca; es estar como en casa.
Habiendo visto suficiente, puedo volver a la Ruta sin desandar el camino.
Tip: Los accesos a los pueblitos no figuran en los mapas, pero existen. Estos lugares están a aprox. 10 Km. en línea recta desde la ruta). Aquí, la Ruta 46 está en buen estado, asfaltada, pero con un asfalto rugoso y desagradable.
El tiempo parece apenas mejorar; otra vez la hermosa vista del Campo de Belén desde el oeste, y vuelta a la Ruta 60 hacia el Oeste. En este punto se pasa a la Provincia de La Rioja por unos Km. hasta Alpasinche.
Me tomo unos minutos para ver un sitio al menos curioso: Estación Mazan (437 habitantes en 2001). Algo que siempre me acompaña en mis viajes es la desazón por ver acabada la infraestructura que alguna vez tuvo el País, cuando soñaba seguramente un futuro distinto al presente que vivimos hoy. O tal vez siempre fue Así; la infraestructura se construyó obedeciendo a los intereses de los dueños de los recursos. Ya voy a volver sobre el tema cuando les hable de la Mina La Mejicana, en Chilecito, La Rioja.
Así, veo lo que fue una Estación del Ferrocarril, en el medio de la nada, un terreno enorme con un caserío de adobe alrededor. Es curioso lo que ocurre con las construcciones de adobe: Como técnica de construcción, está muy valorizada para la zona en que se emplea, aun hoy; es cálido frente al frío y fresco en verano (lo he comprobado), pero es muy difícil distinguir cuándo está en ruinas y cuándo no… Me ha tocado ver, por ejemplo en Tudcum, San Juan, casas que parecían abandonadas, con una antena satelital… No estaban abandonadas en realidad. En todo caso, me preguntaba cuál sería la imagen de ese lugar en sus tiempos de gloria, ya que la Estación posee galpones y debe haber sido un sitio importante para el mantenimiento de los trenes que circulaban hacia el oeste.
Siguiendo el camino, Aimogasta. Como “olivófilo” que soy, símbolo de aceitunas. En el primer lugar que veo, me llevo un kilo. Solamente uno, porque:
Tip: Hay controles fitosanitarios no sólo al cruzar a Chile sino también entre las provincias. De hecho, muchos días después, me tuve que comer las últimas en la Aduana de San Juan, porque “no me dejaban ingresarlas al país” (¿?). No lleven alimentos que saben que no van a alcanzar a consumir.
Que rico poder disfrutar de unas ricas aceitunas negras “en origen”! Además, valen la mitad o menos de lo que te las cobran en Buenos Aires (Creo que pagué 15 pesos el kilo).
Aimogasta no es una ciudad turística; lo que sí es lindo de ver es olivos por todos lados; muchas fincas establecidas hace poco. El verde del olivo es, realmente, distinto a cualquier otro tono de verde. Una cosa que me pareció graciosa es ver que en el medio del pueblo también hay fincas; me paré por un semáforo y lo que había era un olivar enorme!
A la salida del pueblo, llevo conmigo a un muchacho, cosechero del olivo (no sé su nombre) que vive en Londres, a 120 Km. de ahí. Fue muy interesante todo lo que me contaba acerca de los olivares, las fincas, y su propio pueblo. Se iba haciendo de noche y el tiempo no mejoraba. Ya estaba oscuro al llegar a Londres.
Tip: Londres se desarrolla en dos “Bloques” a lo largo de la ruta 40, separados por el río Quimivil. En uno de ellos, la ruta presenta dos cunetas MUY profundas, que en el blog de Vic y Sofi están adecuadamente descritas. Además de mi crónica, te recomiendo la de ellos, ya que para mi fue fundamental en el trazado de este viaje. Londres es un pueblo que merece el paseo, entonces, andá despacio por la ruta ahí!
Ya de noche (una constante en este viaje), llego a Belén. La preocupación original era poder contactar a Mauricio Pagani, que es quien hace las excursiones hasta Antofagasta de la Sierra y Laguna Blanca. Rápidamente en foco de la atención cambió a conseguir un lugar donde poder pasar la noche.
Tip: Como voy a repetir innumerables veces en este relato, tal vez en la zona no se tiene aun conciencia de que el turismo nacional e internacional explotó y que ellos tienen montones de cosas para ofrecer. Por eso, aun no hay prácticamente infraestructura de servicios ni alojamiento.
Por lo tanto, admito que llegar un feriado de fin de semana largo de 4 días sin tener reservas fue, por lo menos, irresponsable. No sé si hubiera llegado un rato antes hubiese conseguido algo. Pero bueno, era lo que había.
Éste fue el primero de los muchos momentos angustiantes que viví durante el viaje por el mismo motivo. Éste es: Llegar de noche, no tener la menor idea de dónde estoy ni saber dónde voy a pasar la noche. Parece que la idea “¿A quién se le ocurre ir a Catamarca a fines de marzo? A Nadie!” es totalmente falsa. La noche, además, lo agrava todo; no se tiene idea de las dimensiones del pueblo o ciudad, y muchas veces hace falta un gran sentido de orientación, porque los mapas son inexistentes, o insuficientes. Sin embargo, esto es muy bueno; los mapas que tenía el GPS son asombrosamente detallados, y me salvaron, aun en los pueblos chicos.
Para colmo, Mauricio aun no había llegado de su excursión. Le llamé por teléfono para saber cuánto iba a tardar; esperarlo fue larguísimo; hecho un paria en la estación de servicio, a las 11 de la noche. Cuando por fin llegó, no me pudo ayudar mucho. Además, como un cachetazo, me dice “Los ríos para llegar a Antofagasta están crecidos por las últimas lluvias. No vas a llegar. (…) La excursión de dos días en mi vehículo, junto con otras tres personas, te sale 840 pesos (¡!)” Imagínense que podía llenar 5 tanques de nafta y recorrer 3000 Km. con ese dinero! Además, en los sitios Web que había consultado, Así como los comentarios de algunas personas en el Hostel en la Capital, decía que solo hay un corto tramo de ripio en esa ruta, y que después, está toda pavimentada. Igual lo iba a intentar; de última, me volvía. Pero aun seguía sin alojamiento. El muchacho de la estación de servicio me dice “Hay una señora que alquila piezas (…) enfrente al hospital; tiene un kiosquito en la ventana.
A las 23, como último recurso, lo intento. Milagrosamente, encuentro el lugar. Milagrosamente, me pude quedar. Milagrosamente, amanecí vivo al día siguiente. Bueno; no es para tanto… Pero les garantizo que no es un sitio en el que hubieran querido quedarse…
La primera impresión que tengo de los catamarqueños que he conocido hasta ahora es de una informalidad amigable: Esto es, todo está bien, y transmiten una sensación de estar como en casa, como si los conocieras desde siempre. El Hostel no es una maravilla comparado con otros lugares donde estuve, pero está bien en general. Hay solamente una persona mas en la habitación, y unas chicas en otra. No hay desayuno.
Por la mañana salgo a intentar averiguar el estado de las rutas de la provincia en la Dirección de Turismo. El día no es espectacular; está nublado. Me atiende un pibe muy correctamente, pero finalmente no sabe decirme “la posta” acerca del camino a Laguna Blanca y Antofagasta de la Sierra.
Lo que sí confirmo a través suyo y de otras personas que consulté en el mismo hostel es que la Ruta Provincial 46 (La que empalma con la 307 en Tucumán) para el recorrido Andalgalá-Belén no esta buena; tiene mucho serrucho y es preferible no transitarla. Con lo que mi apresurada decisión de ayer fue la correcta. Entonces:
Tip: Ruta Provincial 46 (La que empalma con la 307 en Tucumán) para el recorrido Andalgalá – Belén no esta buena; tiene mucho serrucho y es preferible no transitarla.
Camino unas cuadras por el centro de la Ciudad; definitivamente mucho menos bulliciosa que San Miguel de Tucumán. Como a las 11 de la mañana me voy, lleno de expectativa, hacia la Cuesta del Portezuelo; la misma de la Zamba. Ya había visto algunas fotos por Internet; estaba encantado. Pero el clima no me ayuda y, como a los 1400 msnm, ya no veo nada; voy en el medio de una nube y no veo ni a 10 metros adelante; además; es peligroso. La calzada es angosta y ésa es una ruta comercial; no exclusivamente turística. En la cima del cerro hay una bifurcación y un puesto de la policía. Me quedo un rato hablando con ellos; no se ve absolutamente nada, y allá arriba hace frío. Les digo a los policías que me da un poco de miedo bajar y se ríen de mi. La gente de esta zona me cae bien.
Sabía que este es un recorrido corto, ya que la Cuesta esta a menos de 30 Km. de la Capital. Todavía me quedaba el resto del día para hacer alguno de los circuitos hacia el Norte: La vuelta por las Sierras de Ambato tiene muy buena prensa. Hacia allí voy, pero la verdad, es que con la lluvia, no se ve nada… Y la vuelta son 150 Km.… No vale la pena. Consigo unos panes, veo el Dique el Jumeal –en la parte alta de la ciudad, me como unos sándwiches en la puerta del Camping y visito el Museo de la Ciudad Perdida, donde me quedé un buen rato conversando. Me vuelvo temprano al hostel; lo tomo como mi día de descanso y replanificación.
Autor: Ani Mal Plamet